enero 30, 2011

Reflejos y reflexiones


Leo a Escanlar*, y pienso en algunas actitudes que me molestan, de gente, que a veces ni conozco. Será por la lectura veloz que suelo hacer de la imagen que alguien da al mundo y que por ahí, afortunadamente, no siempre coincide con la realidad. Y si… Se puede comprender que no todos nos animemos a mostrarnos al mundo tal cual somos, al parecer enmascararse es menos doloroso que ver reflejadas nuestras carencias en los otros, o por ahí no lo sea, pero al menos lo parece y ante la duda vamos por lo que, a colpo d’occhio se nos presenta como más sencillo, sabemos ser cómodos los seres humanos cuando queremos. 

La hipocresía abunda en estos tiempos que corren, a una velocidad de nuevo milenio que, personalmente, me atropella con facilidad. Admito cuanto me molesta ser tan lenta de comprensión en algunas situaciones o relaciones que me tocan o que elijo vivir. Y ante la no comprensión insisto. Soy una estudiante bien aprendida “Con esfuerzo se superará” “Continúe intentándolo” “Usted puede” .Nunca algo del tipo: “Si algo le hace mal, no insista” o “Suelte esto, no le aporta” o “Hágase cargo de lo que genera sin chistar”.  Juicios escolares que hubiesen sido útiles en algunos casos. Sobre todo para crecer aceptando que no siempre el supuesto “abandono” de alguna situación o tarea es un sinónimo de fracaso, o  que no todo se soluciona con esfuerzo y tenacidad. A veces  algo “no es”  y listo.

Y entre medio pienso en la Oportunidad. Los cientos de miles de posibilidades que una oportunidad puede generar.
“Dadme una oportunidad y cambiaré al mundo” (¿?)
Se que no es así el dicho, digamos que es una especie de “Marce adaptación”. También se que “cambiar el mundo” podría sonar ambicioso. Sin embargo creo que teniendo (o generando) la oportunidad podríamos cambiar muchas cosas, que a la larga terminarían cambiando, al menos algo de nuestro mundo, o de nuestra forma de verlo, o de nuestro pensar acerca de él, eso seguro.

Y entonces vuelvo a Escanlar*, la revista para la que escribo me dio la oportunidad de llegar a “Disco duro” el libro de Gustavo Escanlar. Estas vacaciones estivas aportaron el tiempo para poder leerlo. Las ganas llegaron solitas, esas nunca faltan cuando un libro que impresiona bueno me cae en las manos.  Así el verano va, yo leo el libro y admito cuanto me encanta sentirme equivocada en algunas de mis “primeras impresiones” frente a un otro.  Y de paso me da a pensar si en verdad será mejor andar por ahí en una postura de duroquesecomealmundodeunbocado a presentarse frente a nuestros pares como un simpleysensiblemortalalqueindudablementelepasancosas.

Obviamente no lo sé… Que cada uno se mueva entonces por el mundo como pueda o como le salga o como le quede más cómodo o como le sea menos doloroso o como se le cante en la real gana…. Claro, si entre medio de ese andar, puede compartir algo de lo que hace o de lo que piensa “mas mejor”,  en algún punto es una manera de dejar una suerte de “pistas”,  en caso de que algún otro encuentre (o genere) la oportunidad, el tiempo y las ganas de conocernos mejor.


·        *Gustavo Escanlar. Periodista y escritor uruguayo 1962-2010.