mayo 22, 2011

De príncipes y princesas.


¿Será cierto eso de que para cada mujer, existe un príncipe azul correspondiente?
“Felicidades señora, es una nena, le dejamos por acá el voucher para el príncipe azul, recuerde educarla dejando en claro la importancia y los beneficios de hacerse acreedora a un ejemplar de este tipo y tenga en cuenta, que dicho voucher tiene fecha de validez, de no seguir los pasos aquí mencionados o, al no ser utilizado antes de que la femenina cumpla  30 años, automáticamente pasa a la oficina de no retirados y el príncipe viene reasignado. “ ¿?
¿Como sería entonces el tema del “Príncipe Azul”? (y es claro que con esta pregunta no hago referencia al famoso tema musical de Eduardo Mateo)

Soy nena. Y a las nenas se nos leen cuentos de príncipes y princesas desde que somos chiquitas. Es más, diría que hasta antes de nacer ya se nos susurran historias del tipo:

 “Había una vez, en  un bosque encantado, un apuesto príncipe…”  O…
 “Hace muchos muchos años en un reino muy lejano, vivía una princesa…”

He aquí dos viejos y queridos conocidos.
Príncipe: Ejemplar masculino, fuerte, bien parecido y gentil. Portador de capa y espada, montado en blanco corcel, raudo y veloz, recorre valles y llanuras al ritmo de trompetas que resuenan en el viento, siempre hay trompetas en los cuentos de princesas.
Valiente, todos los príncipes son valientes, o sea, si no es valiente no es príncipe, es paje. Caballero y osado, excesivamente osado podría llegar a ser complejo, pero esta comprobado que puede pasar, atención.
Día y noche cabalga sin cesar, desde la infinidad de los tiempos, sorteando los peligros que lo acechan. Llámesele peligros acechadores de príncipes a: dragones, caballería armada, bruja cruel, malvada madrastra, gnomos, ogro, cíclope en celo, secuestrador de bellas, hermanastras celosas, bella envidiosa que se hace la amiga y pasa mal la información porque le gusta el príncipe, ojo, las hay y como, duque desesperado por casarse para acceder al trono y más… Para llegar a rescatar a su bella amada.
Bella amada = Princesa. Bella amada princesa que, el 99.9% de las veces nunca vio, no conoce, de la cual no sabe ni siquiera su nombre, pero… de la cual se enamorará perdidamente apenas ella, en una gesto por demás femenino, sutilmente entorne sus ojos y le sonría. Queda clara la importancia de una buena sonrisa, a tenerlo en cuenta.

Princesa: Jovencita perfectamente bella, claro, bella “a según” de los canones de belleza de los cuentos, porque convengamos que de bellezas hay tantas, como tantas mujeres hay sobre la faz de la tierra. Correcta dama, sonrisa perfecta, ya sabemos el porque, suave y  delicada, silueta ideal, cintura de avispa, voz melodiosa, yo por ejemplo voy muerta en este punto, aplicada y correcta, por demás femenina, educada y fiel, en esta última cualidad, teniendo en cuenta los tiempos que corren podría agregar varias cosas,  pero es “cuento aparte”. Hija del Rey, no compite en la categoría “Princesa” la hija del sastre, por ejemplo, aún siendo bella y teniendo todas las cualidades antes mencionadas.
Sabiendo ella, la bella amada, que en algún momento de su joven y también bella vida  su príncipe llegará, lo espera. Y en la espera, una quisiera pensar que vista su condición privilegiada,  la princesa en cuestión se divierte, sin embargo nos demuestra que antes que princesa, es mujer, por lo tanto como cualquier mujer,  ella lucha con sus hermanastras por la ropa, rema con su autoestima, se cambia el look varias veces, se depila, se hace vegetariana, intenta sobrevivir al maltrato de la madrastra, se mira al espejo, se ve gorda, intenta adelgazar, adelgaza , engorda de nuevo, rompe el espejo, duerme, canta, las princesas siempre cantan,  creo que es el porque de  la voz melodiosa, cose o borda no lo tengo muy definido, lee, baila y demáses avatares femeninos de princesas, que no tengo muy claros cuales sean , pero que imagino que los hay, al fin y al cabo he de suponer que, “una princesa hace cosas de princesa”.
Hasta que por fin, en un momento de su joven y bella vida, su destino la enfrenta al “peligro portador de príncipes azules salvadores”, o sea, atrapada por el villano de turno, con los peligros que eso implica, cuando su vida pende de un hilo, o de un cabello, o de un zapato, debe ser salvada por el príncipe, no puede ser salvada por el cocinero, por ejemplo.
 Ojo, si la famosa princesa se diera cuenta que el cocinero la salva de la cocina de por vida lo elige seguro. O… En su defecto, a falta de villano decente, cae en las redes de pseudos príncipes y después de mucho llanto, pataleo y frustración queda encerrada en el castillo, sola, triste y abandonada, por lo que, urgentemente tiene que ser rescatada de tanto dolor por “el príncipe azul salvador” (¿?)

El porque nosotras las doncellas siempre tenemos que estar en peligro, sea cuales fueren estos, para que el príncipe llegue, no me queda muy claro.
¿Porque sin peligro no hay príncipe?
¿Porque SIEMPRE tenemos que ser salvadas?
¿Porque es Azul el príncipe? ¿Queda color “azul asfixia”, al llegar exhausto, a salvarnos de tanto peligro que nos asecha? ¡¿Es acaso azul el  príncipe como consecuencia de tanto salvarnos!?
 Volvamos al punto del salvataje.

Tengo elaboradas algunas teorías al respecto:
1: Solo bajo un peligro inminente casi mortal echaríamos mano a un ejemplar del tipo “Príncipe Azul”. Esta puede ser una visión un poco violenta quizás.
2: La desesperación tiene cara de “Príncipe Azul”. Doblemente violenta.
3: Hombres de todos los tiempos escribieron estos cuentos para hacernos sentir indispensable su presencia e importancia en el universo femenino. Onda, a falta de “microchip lavador de cerebros” contémosles cuentos desde que son chiquitas.
4: Nos salva la vida una “media naranja” que justo en este caso sería una “media azul”, pero, claro, no nos pueden salvar si no estamos en peligro.
Y ya la interrogante de antaño cambia, y de huevo y gallina pasa a; ¿Que esta primero, el príncipe o el salvataje?
5: Peligros inminentes nos dejan vulnerables, por ende más sensibles y amorosas, en ese caso bajamos defensas dejando que el Príncipe azul haga su entrada triunfal en nuestras vidas. No tengo hipótesis elaborada en caso de haber retirada del Príncipe, si será muy triunfal la cosa. Experimenten a piacere.
6: Llegamos a una etapa de la vida en que solo si nos exponemos a un peligro aparente nos desayunamos que esta bueno también a veces permitir que se nos mime y se nos “salve”.

La verdad, es que por lo que fuere que sea, toda doncella que se precie de tal, en algún momento espera un Príncipe. Generaciones de mujeres hemos crecido con la ilusión, literalmente hablando, de que casi mágicamente, en alguna vuelta de esquina estará nuestro príncipe, esperando, dispuesto a  salvarnos. Y no solo porque lo creamos necesario en algunos casos, o lo deseemos intensamente en otro tantos, sino porque es algo que nosotras mismas nos hemos impuesto que  tiene que pasar en algún momento de nuestra vida y si es antes de los 30, mejor.
Sería una tontería negar que en el fondo, o en el frente, todas, en algún momento hemos nombrado, pensado o imaginado al principesco muchacho.
Enamoradas hasta el cuello lo amamos y damos gracias al cielo de que “al fin” llego eso que esperábamos, o versión similar, llega una edad en la que se bajan las exigencias.
O en su defecto, furiosas por el resultado obtenido, para abuchearlo, negarlo o quejarnos de que justo el ejemplar príncipe a nosotras asignado vino mal de fábrica y “destiñó al primer lavado”.
Para ser sincera, nunca me detuve a pensar en esos cuentos que me han leído y que en algún momento también  leí a las mujercitas de mi familia. Hasta el año pasado.
Mi hija tiene 10 años y escribió un cuento para la escuela, un hermoso cuento de princesas.  El resultado al leerlo  fue similar al de  las 12 campanadas de Cenicienta… “El hechizo terminó”, me cayó la ficha por así decirlo y  de algún modo fue lo que llevó a esta especie de reflexión, en la que a este punto ya me da por preguntar y preguntarme: A ver señoras… Más allá de los pintorescos cuentos de antaño, que la verdad  sea dicha, no han colaborado mucho en permitirnos reconocernos en las mujeres valientes que somos.
¿Que tipo de trampera  nos hemos construido a lo largo de la historia, pensando que no podemos salvarnos solas de lo que sea en la vida?
Soy consciente y celebro cuanto esta bueno transitar acompañada esta aventura de vivir, lo que no se si esta tan bueno es que sea con un “salvavidas” con forma de Príncipe Azul.

Creo, y trabajo para que mi hija lo sienta también así, que no hay príncipe azul, mortal o alienígeno, que pueda NADA, que nosotras no queramos antes.
Sea esto, ser salvadas, ser felices o ser destruidas.
Es así ahora, también lo era antes y lo será mientras lo permitamos nosotras.