Ya le había enseñado a no seguirme cuando salgo de casa.
Y puedo asegurar que el había aprendido a no seguirme en mis caminatas.
Pero esta viejo, y bastante sordo, y la verdad, no se si es que con la vejez se le olvidó lo aprendido en sus años mozos, o es que a su edad se permite desobedecerme.
Camina atrás mío, y también yo con más años, hago de cuenta que no lo veo. Y en algún punto agradezco su silenciosa compañía.
Así vamos, yo perdida en mis historias, planes y proyectos, y el…
No se… La verdad es que no se que se le cruzará por la cabeza a Gómez mientras caminamos, pero me gusta imaginar que de alguna manera va acompañando mis delirios.
