Se
desato la tormenta... literal y simbólicamente.
Soplan
vientos de temporal, de crisis, de cambio, de sacudones internos y
externos .
Sopla
fuerte, y reconozco que a pesar de que ya cumplí los 40 y
seguramente este en la mitad de mi vida adulta, el viento fuerte es
una de las pocas cosas que continua dándome miedo.
La
fuerza natural que los impulsa siempre se me presento como algo
ingobernable, imparable, el viento sopla para donde quiere, se lleva
lo que quiere, arrasa, limpia, despeja, remueve... libera.
Soplan
vientos de tormenta y esta noche llegaron hasta acá.
Y
si, lo admito, me da miedo, y por eso me preparo para amortiguar el
ventarrón.
Cierro
mis ventanas para que no se golpeen, pongo a resguardo las cosas
sueltas que andan por afuera, llamo a mis animales.
Entramos
todos. Rodolfo no se me despega de los pies, creo que el si sabe los
efectos que el viento provoca en mi... es muy inteligente.
Oscar
atento mira por la ventana , cada tanto camina por el teclado del
piano sacando alguna escala extraña que me pone en alerta en medio
del apagón que acaba de dejar la casa a oscuras, “mi madre tajo un
farol” pienso. Lo busco. Lo encuentro.
Bajo.
Me acuerdo que sin luz no tengo teléfono, me hice la linda y compre
inalambrico , un clavo en estos eventos de apagón, vuelvo a subir
en busca del celular.
Mis
hijos no están, por suerte. O no? Estarán bien en el campamento?
Entro
en la duda, “están con el padre” pienso intentando
tranquilizarme.
Me tranquilizo? .. Ni de jodete. Me pregunto de nuevo, estarán bien?
Me tranquilizo? .. Ni de jodete. Me pregunto de nuevo, estarán bien?
Carpa
, tormenta, Rocha , padre = pensamiento perturbador.
Mejor
llamo a Bianca... La flaca no contesta.
Llamo
a Bruno, “el siempre esta con los auriculares en la cabeza”, digo
en voz alta, escucha el teléfono seguro, ... contestador... sin
batería, y si, de tanto escuchar música o de hablar con la novia,
ufff ... mi hijo tiene novia...
No
se porque, pero es una fija, los adolescentes nunca tienen batería
cuando las madres necesitan comunicarse... vuelve el pensamiento,
perturbador...
“Estarán
bien,? Están con el padre, me repito y sigo hablando sola.
“ Al
fin y al cabo es el padre Marce”. Intento tranquilizarme , no
funciona. Miro la hora, faltan 5 para las dos de la mañana y de
mientras afuera sopla.
Sopla
y no para y el paraíso de la entrada se ladea hasta casi tocar el
piso y yo vuelvo a pensar en que mi casa debería de ser mas baja,
siempre que sopla así me viene lo mismo a la cabeza, con que me
distraje cuando la construimos que no pensé en el miedo que el
viento me da?
Como
no pensé que podría quedarme sola en ella con los niños, que si
bien ya no son tan niños, dependen de mi y de que el viento que
sopla fuerte cuando quiere no nos lleve el techo.
Y
me vuelve a la cabeza la voz de mi ex suegro constructor “no seas
ridícula Marcela eso no pasa”
Y
si, quizá el tenga razón y eso nunca pase, pero el miedo es
irracional muchas veces, y tiende a empujarnos al extremo, nos lleva
a imaginar lo peor que podría pasar. Vuelvo a pensar que la casa nos
queda grande ahora que solo somos tres.
Que
“no es casa para mujer sola”... esa seria una típica frase de mi
abuela.... me da gracia reconocerme en cosas que hace mi madre o mi
abuela, es señal de que heredamos conductas que están arraigadas en
nuestras familias.
Eso
es bueno, reconocerse como parte de algo mayor , como es una familia,
da seguridad, es como una cadena solida, abuelos , padres , hijos,
nietos...
Ame
a mi abuelo materno con locura, fue como un padre, era a quien mi
madre recurría cada vez que en casa los vientos soplaban fuerte, y
había que resolver o escapar. El abuelo era bueno resolviendo cosas,
hábil, manual, rápido. Nunca me pareció que sintiera miedo. El me
besaba la frente, y me decía mijita, solo el me besaba en la frente,
lo curioso es que ahora mi hijo también lo hace, lo extraño mas de
lo que quisiera, pero supe entender que decidiera dejarnos, y le
agradezco que haya venido a despedirse de mi.
Ahora
solo queda la abuela, esta viejita, ella que me cuido tantas veces,
ahora no puede cuidarse ni a si misma, y me sorprende con la
dedicación que mi madre la cuida y la atiende, me pregunto si yo
tendré la misma paciencia con ella o si mis hijos la tendrán
conmigo.
La
abuela que ya casi no me reconoce, que me sigue diciendo “Marcelita”
a pesar de mis noveles 40, que pregunta por los nenes y por mi
marido, y que cuando le cuento de Bruno y de Bianca, y le explico que
me divorcie hace casi dos años, se enoja y dice, “ me vas a
repetir lo mismo cada vez que vengas”? y al rato, de la nada
vuelve a insistir, “ nena llevale torta a tu marido pobre que no
pudo venir” y yo me veo volviendo al principio del cuento, una
especie de dejavú constante, le repito las cosas las veces que sean
necesarias, me río, pero por dentro quisiera llorar, porque esas son
las cosas que marcan los finales.
Es
cierto que no hay final si no hubo un principio y todo final implica
un nuevo comienzo... pero aun sabiendo y entendiendo estas
afirmaciones, quien esta listo para el final de las cosas?
Nadie...
y me asalta el chiste fácil, “Cuantas cosas que hace, sabe y
resuelve este tal nadie”... en fin.
Rodolfo
me pide salir y me doy cuenta que para variar me distraje pensando
cosas.
Vuelvo
a mirar por la ventana, sigue lloviendo pero el viento empieza a
parar, lentamente comienza el final de la tormenta, esta oscuro, no
se ve nada, la luz aun no vuelve.
Le
explico al perro que no vamos a salir a “campo traviesa” ahora ,
que habrá que esperar a mañana porque recién ahí, con la claridad
del día, voy a poder ver que se llevo la tormenta esta vez.
Porque
lo que me trajo esta claro, y acá lo anoté.
