Ella bajo del auto, un poco más
apurada que de costumbre.
Pensando que ese supuesto apuro, no la
dejaría sentir la sensación repetida de que el auto la atrapaba.
Siempre le pareció que había una especie complicidad silenciosa en
ese coche, que parecía empecinarse en no dejarla salir cada vez que
les tocaba despedirse.
Cerro la puerta y camino por la
bajadita que la lleva a su trabajo, y si bien no se giró a verlo,
sabía que el la miraría alejarse como era su costumbre cada vez que
se despedían.
“Me gusta verte caminar” decía, y
bajo esa excusa se regalaba ese instante de verla alejarse, del
auto, de él y del rato que habían compartido esa mañana,
adorable ritual, repetido tantas otras mañanas.
Había caminado una cuadra cuando el
teléfono sonó…
Mensaje: “Adoro verte”
“Es mentira que una se acostumbra a
ciertas cosas”, pensó…
