Las que estamos felizmente divorciadas
sabemos la importancia de esos sábados sin hijos, ojo, siempre es una
alegría estar rodeada del desbordante amor de nuestros herederos,
pero... ese adorable silencio que inunda la casa cundo ellos no andan en la vuelta, o esa música que suena, elegida por vos, nada
de Death Metal o Justin Bieber, pensar un sábado de películas
copadas o pedorras, el placer de llamar al delivery de cena y de
helado, saborear la idea de escribir o leer lo que a una le de ganas,
en el orden que de ganas... es... glorioso.
Debería de guardar secretamente esa
información a mis adorables amigas cuando llegan esos sábados de
ensueño,porque ellas siempre tienen planes que adjudican de
fantabulosos, en los que oCviamente estoy incluida.
Este sábado , a pesar de que advertí mi propósito de quedarme guardada a la sombra de la paz de la casa,
como de costumbre, ellas irrumpieron.
Almuerzo poco elaborado, mates, y tarde
de playa imagine que les bastaría, pero ya entrada la noche,
volvieron a sorprenderme.
Y si, ellas son así cuando quieren,
sorpresivamente geniales, así es que, después de una llamada
misteriosa, una de ellas, muy suelta de cuerpo soltó la maravillosa
idea de la noche.
“Vamos a bailar”
Ya con los ojos desencajados se me
salio la frase de siempre:
“Bailar ? Bailar, es como, no se, no
les parece que estamos grandes para ir bailar!?”
Siempre digo lo mismo y termino trepada
al cubo como una loca, lo admito.
Pero esta vez intentaban meterme a la
inauguración de una mega disco veraniega, con la excusa de que ya
teníamos las entradas con nuestros nombres, porque resulta que
alguien conoce a alguien que resulta ser primo de no se quien, que
además tiene no se que ahí adentro y bla bla bla...
La información poco clara me agota, y cuando pregunte como carambolas el flaco en cuestión tenia
nuestros nombres arrancaron a reírse ambas dos, o sea, tenían el
plan del bailongo ya antes de llegar a casa estas traidoras
endemoniadas!
Llega a una cierta edad en la que una
debería de evitar algunas cosas...
Se los digo todo el tiempo, pero esta
vez no logre imponer lo que yo llamo mi NO rotundo.
Tengo amigas perseverantes que ademas
se organizan para hacerme sentir culpable si me resisto, con
comentarios como,
“Te recorrrrrdamos cuantas veces te
acompañamos a lugares del orrrrrto, solo porque vos lo pediste? Te
lo recorrrrrdamos? (me molesta soberanamente cuando Lali pronuncia
todas esas errrres de mierrrrda)
Y ya cuando las cosas llegan a ese
punto no es un buena idea contradecirlas
porque ellas tienen buena memoria para
refregarme por la cara esos planes de salidas que se me presentan muy
copadas y después resulta que no eran tan geniales como aparentaban.
Así que sin mucho que argumentar,
entrada la noche ahí estaba yo, esperando la madrugada para salir al
loco saturdaY naiT fiveR bailable. Si señora, ahora es chiC salir a
las dos de la mañana, cosa de no creer, una pensaría que es una hora
prudente de estar volviendo a “las casas”, bueno no, 2:00 am,
ademas de ser nombre de un boliche montevideano, es la hora de calzar
tacos y salir a bailar! Pfff...
Repito, llega una cierta edad en la que
deberíamos evitar ciertas cosas...
Lo dije mientras baje del auto en la
puerta de ese mostrOso lugar mega bailable, mientras esperábamos para
entrar, cuando vi a uno de mis ex- alumnos en la misma fila que yo,
ahí en realidad casi que muero muerta y hasta pensé que nos habíamos
equivocado de lugar, pero no, la invitación efectivamente tenia mi
nombre , mi apellido perfectamente escrito, Gimenez con G, y el
nombre que se leía en la puerta a todo neón naranja, coincidía
perfectamente con el que se dejaba leer en mi invitación
personalizada.
A esa altura me entregue, la música
hizo lo suyo también, porque una vez que logramos salir del tubo
diabólico que oficiaba de ingreso al recinto bailable, sentí que
habíamos desembarcado en una especie de nueva dimensión...
Fui a bailar muchas veces, no voy a
negarlo, pero confieso que las cosas han cambiado considerablemente
en estos locos tiempos que corren.
Miles de seres desaforados se movían
bajo las luces, al ritmo ensordecedor de la música
tecnotronicabailable, cada uno en la suya, sin hablar mucho, sobre
todo porque costaba bastante escuchar al otro, bueno, y verlo
también. En un segundo de lucidez, comprendí porque Bono da esos mega recitales con lentes obscuros, es por las luces!! Esas
luces del demonio te dejan ciego!!!
Juro que esta vez no termine bailando
en el cubo, principalmente porque no había cubo.
Durante casi tres horas no pudimos
escuchar lo que la otra decía, nos comunicamos por señas al mejor
estilo dígalo con mímica, estuvimos 45 min esperando en una barra
para comprar tres cervezas, negamos invitaciones varias de masculinos
variados, algunos de ellos tenían casi la edad de mi hijo mayor, a los que
realmente les importaba un caramelo nuestra edad, por lo que seguían
insistiendo con frases del tipo,"dale che, no podes ser mas grande que mi vieja" y descartamos dos veces la ida al baño por la cola de
mujeres infinita que siempre custodiaba las puertas del lugar que,
enarbolado por una foto de Marilyn, oficiaba de toilette de damas, cosa que me molesto bastante, no entiendo a que nabo se le ocurre la idea de usar la imagen de esa reina para indicar el lugar de pillar ?! ... en fin
Como ya dije, mis amigas son
perseverantes... y a pesar de que manifesté la voluntad de irnos,
argumentando que tres horas de fiesta eran mas que suficientes para
mujeres de cuarenta, ellas se negaron, tercas locas bailadoras.
Y en una especie de absurda búsqueda de
silencio, intentando alejarme un poco para puchear, en medio de esa
multitud desquiciada, de ese ruido que no dejaba ni pensar; viene a
mi encuentro una cara conocida, muy conocida...
Que en medio de un
abrazo suelta un: “Al fin... Que bueno volver a
verte”
Entonces entendí porque mi nombre
estaba bien escrito en la invitación,
y porque aún no era tiempo de
irse.
