junio 06, 2015

El y Ella


Él llegó en hora,  traía en la mano una bolsa de papel que dejaba entrever un libro, a ella le gustaba que le leyeran,  él lo sabía y también esa, era una de sus formas de consentirla.
Ella había hecho lo que hacía tiempo habían bautizado como “llamada de emergencia”.
En algún rincón, él tenía algo de “boy scout siempre listo”, al menos para con ella.
Si fuesen capaces de asumirlo, le llamarían incondicionalidad, pero hacía tiempo que ninguno de los dos estaba dispuesto a etiquetar el vínculo  que de alguna forma los mantenía cerca desde hacía un buen tiempo. Existía y eso parecía alcanzarles.
Era de los pocos varones que ella conocía,  que cuando preguntaba, “que te pasa” o “como estas”, realmente esperaba que una le contara todo, con pelos y señales, con detalles, sin saltearse nada.
Sin decir ni una palabra, el dejó la bolsa arriba de la mesa,  y después hizo exactamente lo que ella necesitaba que hiciera…
 “Hay abrazos que deberían de durar siglos”, pensó…