febrero 19, 2010

Review Mode ON…



Hoy en una visón simil “Final Fantasy”, como en el juego infantil, me asaltó la idea de que tenía el poder de retroceder el tiempo y detenerlo a piacere.
Una especie de viaje en reversa. No me costó nada y ya una vez mas, mi mente tomo la bifurcación “cazzi suoi”, o sea, se fue a cualquier lado, tomo vida propia, como suelo definirlo yo misma.
Entonces me trasladé al patio de la escuela, el día que Sebastián Alegressa me dio el pelotazo en la cara. Me venía bien en ese momento una cuota más de reflejos para poder esquivarlo, pero bueno, eso no pasó.
Me vi en mi cumple de 15, vestida de negro absoluto, en una especie de protesta, contra una tradición social que no entendía.
Entré al salón 6 del liceo Nro: 28 en el “famoso” examen de historia. Un poco menos de delirio mental me hubiera venido al pelo. “Muy rico el tema dos Gimenez. Claro, intentamos encontrarle un punto de encuentro con el tema pedido pero… No hay ni como ni por donde. La esperamos en febrero”.
Repasando mis vacaciones adolescentes me tomé la libertad de dejar el tiempo totalmente detenido en uno, de mis tantos bailes de verano.
Hice ruta con el abuelo, meta tango, mate y charla arriba del camión.
Sobrevolé cientos de noches diferentes con un mismo compañero.
Tomé un avión. Y otro y otro y otro más, y al final uno que me trajo de regreso a casa.
Entré en la habitación del Casmu cuando nacieron mis hijos y sentí ese olorcito único en el mundo, a bebito recién parido.
Me estacioné sobre muchas cosas. Tantas que no podría mencionarlas ahora.
Por algunas de ellas pasé de volada, otras no las quise ni mirar, algunas por dolor otras por vergüenza, en muchas me quede un rato y en algunas otras mucho rato mas. Fue, sin dudas, un buen ejercicio del corazón.
Inquieta un poco pensarlo, pero… Que haríamos si realmente pudiéramos por un momento des-andar nuestros propios pasos? Donde iríamos, a quien visitaríamos, que cosas diríamos que en algún momento eran necesarias pero no logramos que salieran de nosotros.
Que pena lograríamos evitar o evitarnos.
A que feliz momento volveríamos y volveríamos y volveríamos.
Es fuerte sentir que esos pensamientos y recuerdos que llevamos dentro, que nos acompañan, que van y que vienen con nosotros, algunos de ellos compartidos, otros muy secretos, otros olvidados, o dolorosos, o amorosos; Algunos que empujan o distraen, que a veces apretan y se vuelven molestos y otras reconfortan y nos rescatan de realidades menos copadas, son todos nuestros, nadie los puso ahí.
Las situaciones que vivimos y las que elegimos re-vivir en nuestra mente elaborando para ellas cientos de miles de finales posibles, menos el final que tuvo o que tiene, nos pertenecen todas y cada una de ellas.
Mirando las cosas a la distancia me da para preguntarme, cuanto valientes somos al momento de reparar, o disculpar, o más difícil, de pedir disculpas y aceptar nuestras torpezas? Cuanto valientes somos al intentar sanar situaciones o relaciones? Definitivamente somos seres particulares los humanos.
A veces, con mucha facilidad se nos olvida que no estamos solos en esto.

Y, como era esperar, tanto viaje mental trajo inexorablemente una especie de conclusión: Sin lugar a duda, no importa lo que hagamos, lo que pase, o nos pase, la vida sigue andando.
Ya se que no descubrí ninguno de los misterios del universo con esto.
Pero es una buena reflexión para alguien como yo, que además, esta más cerca de los 40 que de los 30.
Si señoras y señores, la vida avanza, sin pausa. Mientras nosotros nos movemos con rapidez, una rapidez que roza lo fugaz, muchas veces haciendo sin disfrutar, mirando sin lograr ver, sobrevolando lo que se siente, o peor, dejándolo para más tarde, o pasando por encima de todo y de todos, a veces hasta de nosotros mismos. Mientras esperamos que nos llegue el “momento clave”, que “pase el tren”, que al parecer y por algún motivo, que claramente desconozco, pasa una sola vez en la vida, o pedimos al cielo que “la vida nos sorprenda”. Mientras libramos algún tipo de absurda batalla de egos que luchan por estar en la cima, y mientras yo sigo intentando comprender en la cima de que.
ELLA, es “eso” que nos pasa cada día mientras nosotros, torpemente, intentamos proyectarnos a futuro.
Y de paso y “de a de mientras”, en la pasada, la muy guacha nos cambia las reglas constantemente y se divierte de nuestra absurda carrera.
“Torpes humanos- pensará divertida- no se corre contra el tiempo…
Gana siempre… “