mayo 01, 2010

Cómplices amigas.



Todas las mujeres tenemos una amiga que no nos abandona aún, si nos esta cayendo el cielo encima. Contar con una buena amiga en algunos momentos de nuestra vida es indispensable para nuestra femenina supervivencia.
Y mas allá de las parejas que podamos tener, y toooooooooooooooooodo lo que sea que podamos contar con estos valientes varones que acompañan nuestros estados mas variados, una buena amiga es insustituible.
Las buenas amigas compartimos mucho más de lo que algunos imaginan.
Si, también las idas al baño, situación incomprensible para el varón de la especie, se que puede parecer raro y si bien es cierto que hay muchas  hipótesis sobre el porque lo hacemos, no seré yo quien devele semejante misterio humano, sobre todo porque no se con exactitud el porqué de que algunas mujeres, en algunas situaciones vayamos al baño de a dos.
También, todas nosotras en algún momento de nuestra vida tenemos una amiga a la que le contamos todo. Si señores, cuando digo todo, es TODO:
Lo que pasa, como pasa y como nos pasa. Lo que pasó, como pasó y  como nos sentimos con lo que pasó. Relatamos con pelos y señales como nos han dejado o amado, compartimos nuestras respectivas alegrías o lloringueamos encima de la otra si estamos muy tristes, nos quejamos, carajeamos y  gritoneamos si el caso lo amerita, celebramos (con o sin Fernet) logros propios y ajenos,  o solo nos acompañamos entre mates y silencio.
Ya sea en vivo y en directo, por teléfono, virtualmente o por sms, a veces toca acompañar, contener, frenar acciones pelotudas (de esas que nunca faltan), ayudar a sobrellevar, apoyar, acompañar sin decir nada o hablando sin parar sobre “temas de actualidad” (¿?) intentando así desviar la atención del conflicto en cuestión, a ver si con eso logramos levantar ánimos caídos, perderse elaborando cientos de miles de hipótesis sobre el porque, de algunos comportamientos masculinos que, admitamoslóN, el 60% de las veces no tienen ningún sentido para nuestra lógica femenina, escuchar (o leer) en silencio, ser escuchadas (o leídas), compartir puntos de vista, o discrepar hasta el “no puedo hablar mas contigo”.
Las mujeres tenemos una cualidad única entre nosotras cuando somos AMIGAS, que no se si los varones tienen. La complicidad.
Todo lo que una buena amiga sabe lo sabe porque la otra confió, se abrió y contó lo que le andaba pasando, en una especie de femenino ritual.
Y si una confía, lo hace porque sabe, que todo lo que sea que le cuenta a una buena amiga, esta se lo guarda para siempre. Ojo, también hay cosas que una no cuenta y cosas que la otra no pregunta, porque esta bueno también tener experiencias que sean solo nuestras.
Cuando tenia quince años una amiga me llevo a un kiosquito, con un billete de 20.000 pesos, de los de antes, compro dos cigarros sueltos. Se prendió uno y me dio el otro. Al ver mi cara de no entender, muerta de risa me dice: “Fumalo bolu”… Dejé de fumar recién a los 30 y con alegría puedo decir que Gime dejo de hacerlo el año pasado.
Amigas desde entonces, con altibajos, “a pesar de los pesares”, como ella misma ha dicho en  algún momento de nuestra vida, somos amigas y también cómplices desde siempre.
Hace algunos años, en una reunión de trabajo a sala llena, muy llena para mi gusto, y en plena disputa por lo que entiendo y defiendo como normas básicas, necesarias para desarrollar  satisfactoriamente nuestra labor docente, alguien levantó la mano en señal de aprobación a mi “catarata de palabras” (tengo poco poder de síntesis) quizá un poco subidas de tono.  
Aye y yo nos entendimos desde el principio.
Increíblemente más cercanas desde su distancia física, hace unos años ya que tuvo la magnífica idea de emigrar cual ave, tenemos una amistad como pocas.
 Agradezco a estas dos buenas amigas, bellas mujeres ellas,  que han sabido acompañar y acompañan  aún hoy mis estados mas variados. “Quierolas!”