Que se extraña cuando uno extraña?
Lo que te falta, lo que ya no esta.
Lo que de un momento a otro, sin saber porque, o sabiendo, pasa a sernos ajeno...
No creo que nadie este preparado para
semejante experiencia, sea esta dolorosa o liberadora, y supongo que
solo el tiempo, sabrá dar respuesta a la situación que sea.
Mi amigo el tiempo, ese que me exige
una paciencia que no tengo , que me demuestra que me pongo grande,
que se vuela cuando mas lo necesito, el tiempo que no cura nada, y
que solo termina de destruirlo todo, el mismo tiempo que,
contradictoria o complementariamente, todo lo lava y todo lo cura.
En realidad, deberíamos asumir de una
vez por todas que el tiempo no hace nada, solo pasa, y en ese pasar
nos despoja lentamente de las cosas que nos eran cercanas, que
llenaban espacios, que quizá permanezcan vacíos por un tiempo o
rápidamente se vean completos por cosas nuevas, que en algún momento
también dejaran de serlo y a las cuales también extrañemos mas
adelante, cuando las abandonemos o nos abandonen por quien sabe que
motivo, y así, una y otra y otra vez... en un cuento infinito de nunca
acabar.
Los humanos sabemos bien como es eso de
aferrarse a las cosas, a las personas o a las situaciones.
Sabemos también destruirlo todo con la
misma intensidad que supimos construirlo y amarlo
Pero así y todo, no nos veo tan
preparados para el movimiento de las cosas, lo que algunos llaman el
espiral de la vida, que muchas veces da giros endemoniados
dejándonos mas mareados que el mambo del Parque Rodó, bajo la
consigna universal de que “el cambio es la única constante”.
Personalmente no me siento muy
preparada para tanto sacudón, lo admito
En realidad no creo que nadie lo este..
es mentira que somos capaces de entender, comprender y aceptar todo
lo que pasa, si tengo que ser sincera siento que la mayoría de las
veces no entendemos un soto de lo que nos pasa, y nos movemos a
tientas entre las cosas que nos van llegando en una especie de efecto
dominó imparable.
Aún siendo “ilustrados” a nivel
emocional , leídos en lo que llamamos temas espirituales o
crecimiento personal, ante la falta, de lo que sea que pase a
faltarnos, todos hacemos berrinches infantiles, nos quejamos, o
montamos espectáculos cuasi patéticos en los que enmascaradamente
oponemos resistencia a que literalmente , “las cosas se nos vayan
de las manos” ...
Hace unos meses entendí que resistirse
no retiene nada, es mas diría que la mayoría de las veces, es innecesario. Si es cierto que las cosas tienen su
porque, entonces resistirse al cambio seria una torpeza de nuestra
parte. Resistir es dejar de ser flexibles.
Pretender que la vida es una recta
interminable, lisa, llana, con buena visibilidad y aparente transito
despejado, cuando en realidad es, escandalosamente curva, con mas
cantidad de recodos que te sacan del camino y te hacen desabarrancar
, que aparentes rectas que al final ya se presentan como
aburridas y flacas, en parte es uno mas de nuestros berrinches
infantiles.
“Resiliencia Marce, ante la situación
que sea”
Eso me dijeron hace unos días y me acorde de que resiliencia se tatuó en el pecho una compañera de trabajo hace unos
años.
Y pensé que suena mejor resiliencia que
resistencia.
Que se presenta mas flexible la primera
que la segunda, que entonces viene mejor para afrontar las curvas de
la ruta, y me di animo con frases cuasi Cohelescas, “fuerza que
todo pasa”, “la vida compensa las faltas” y me canté la
partecita esa del tema de Fito que versa eso de que el tiempo es
aliado... y la la la la
Y caí en la cuenta de que de a ratos
resistiendo y de a ratos siendo resiliente, el tiempo pasa, me pongo flaca, el pelo me crece, el año se va y bla bla bla bla ...
Nada... Aunque a veces no quiera, yo también te extraño. Eso.
